¿Por qué dicen que el tema de Aleks Syntek y Jaime López no está a la altura de las celebraciones del bicentenario?. ¡Al contrario! ese es justamente el nivel de las celebraciones: parafernalia, frases huecas, eventos carnavalescos, dispendio insultante de recursos en pseudomonumentos que ni estarán terminados a tiempo, ni constituyen una representación medianamente coherente del verdadero significado de estas dos gestas, parteaguas ambas en el devenir de nuestra historia y de nuestra identidad como pueblo, otrora aguerrido, independiente y revolucionario.
Indiscutiblemente, ambos músicos son importantes y muy respetados en sus respectivos derroteros; el primero, autor de "Sexo pudor y lágrimas" y "El Camino", es un icono del pop latino que se codea con figuras de la talla de Miguel Bosé, Juan Gabriel o José José, un músico talentoso y creativo en el contexto del género tecno-pop que ha sabido sobrellevar una carrera limpia, simpática y productiva, mientras que el segundo, lanzado al estrellato en los ochentas por Raúl Velasco con temas como "El Mequetrefe" y "Ella empacó su bistec", fue una de las muchas estrellas efímeras de aquellos años, un cantautor al principio difícil de ubicar en un género en particular, converso, al pasar de los años y de una buena dosis de anonimato, al estatus de rockero urbano, muy apreciado por gente como Ricardo Rocha y por un segmento muy especifico del México capitalino, un cantautor de quien en otras esferas no se había vuelto a saber mucho hasta ahora, gracias a su desafortunada coparticipación en la auotría de este tema musical que a modo de punta del iceberg, amén de hacer a Moncayo revolcarse en su tumba, ha puesto en jaque, junto con otra serie de situaciones anómalas y denesnables, la imagen de quienes toman las decisiones al seno de los comités organizadores de las monumentales celebraciones patrias, quienes ante el escarnio, han desconocido públicamente al tema como himno oficial del Bicentenario, dejando en el aire la duda de a cuánto ascendió la factura por la composición, producción e interpretación de la malograda canción.
La opinión pública -aunque todavía queda en duda que sea en realidad la parte pensante del asunto- se pronunció, y la cosa terminó en escándalo, pero por qué fingir asombros que no van al caso, por qué asumir actitudes hipócritas y snobistas. Syntek y López, como buenos músicos por encargo que son, no hicieron otra cosa que captar a la perfección el mensaje que las instituciones y los mercaderes de los medios han querido transmitirnos en todo momento, y confeccionaron con habilidad, pero también con gran ingenuidad, un traje justo a la medida de los requerimientos de sus clientes. El resultado, un estridente y acartonado SHALALÁ pop-rock-huapanguero, ornamentado con rimas fáciles, lugares comunes y costrucciones gramaticales simplonas, que raya en la lambisconería institucional y no hace otra cosa que reflejar la escencia de esa suerte de pensamiento que habita en lo más profundo de las neuronas de las hegemonías política, económica y mediática que rigen en la actualidad, los destinos de nuestra incomprendida, maltratada y bicentenaria patria.
