martes, 10 de julio de 2012

A Facundo Cabral en su primer aniversario luctuoso.




A un año de su mudanza hacia otros derroteros, se recuerda a Facundo Cabral como un personaje emblemático de la cultura musical hispanoamericana de la segunda mitad del siglo XX, junto con Alberto Cortez, Joan Manuel Serrat, Luis Eduardo Aute, Pablo Milanés, y Silvio Rodríguez, entre otros.

Trovador pampeano, nacido en la Plata en 1937, perteneció a una generación de cantautores fuertemente influenciada por artistas como Atahualpa Yupanqui, Violeta Parra, y Nestor Feria, y por los movimientos liberales de los años sesentas y setentas en los que se pregonaba el amor, la paz y el desprendimiento de lo material como un estilo de vida. Seguidor de Kishnamurti, colaborador de la Madre teresa de Calcuta, repetidor de Whitman y de Tagore, amigo de Borges, admirador de Jose Alfredo Jiménez, cómplice de Alberto Cortez en un par de afortunadas giras en los años noventa, Cabral fue solidario con su palabra en su manera de vivir.

No tenía grandes propiedades que lo ataran a un sitio; apenas contaba con un departamento en las instalaciones de un hotel en Buenos Aires que adquirió para instalar su biblioteca que ya no le cabía en la maleta. Reacio y seco con los fans y con la prensa a la hora del “besamanos”, su manera de ser artista no estaba fincada en los elogios, ni en el apapacho de las multitudes, ni en una nutrida agenda social; daba pocas entrevistas que para frustración de sus interlocutores no eran otra cosa que una continuación de su discurso escénico. Pocas veces se abría para salirse del guión y abordar de manera informal aspectos de ser humano que cohabitaba con el artista en un cuerpo que los últimos veintitantos años de su vida le hizo pasar cualquier cantidad de malos ratos por causa de una salud precaria que lo confinaba a prolongadas quimioterapias y que como secuela lo dejó casi ciego.

No tuvo descendencia biológica. Su única hija murió junto con su primera esposa en un accidente aéreo, suceso que lo marcó para siempre pero que a su propio decir, lo hizo crecer como ser humano para continuar difundiendo guitarra en mano su mensaje se libertad y de paz por más de ciento sesenta países a lo largo de cinco continentes.

Poco antes de su trágico desenlace contrajo nupcias con Silvia Pousa, de cuyo hijo era padrino y a quien quiso dejar su legado musical e intelectual legalmente, ya que culturalmente dicho legado nos pertenece a todos los que alguna vez lo admiramos y lo seguiremos escuchando a través de sus grabaciones y textos que se quedan para siempre como un testimonio de vida de un hombre que desde lo más bajo de la escala social e intelectual, supo desplegar las alas para volar por los más altos cielos del conocimiento, la creatividad, y la espiritualidad.

domingo, 8 de julio de 2012

De manifestaciones, juventud y memoria histórica

Por Iván Carlos

Manifestarse no logra mucho a corto plazo; es un desahogo social, un derecho básico en el marco de una democracia, pero deja precedentes que ayudan a aprender de los errores cuando estos son valorados por las personas adecuadas en el momento adecuado.

Los jóvenes ponen el ejemplo en una lucha que difícilmente se ganará hoy, pero formará parte del expediente que servirá a la historia, implacable juez que todo lo desentraña, para emitir su veredicto justo y ecuánime.

Sólo espero que esos jóvenes que hoy, de manera valiente y legítima se manifiestan, conserven el día de mañana intactos sus ideales de justicia, democracia e igualdad. Sé, porque sucede siempre, que muy pocos lo harán. La madurez, en las más de las ocasiones acaba con el ímpetu de la juventud. Llegan los intereses, la añorada "estabilidad", el cansancio que se transforma en conformidad ante lo que el paternalismo oficial ofrece a sus lacayos: migajas de bienestar disfrazadas de paz social que son aceptadas comodina y mansamente por la mayoría.

Me gusta este capítulo de nuestra historia que estamos viviendo, no porque estemos en el mejor de nuestros momentos en materia de economía, bienestar y justicia social, sino porque me emociona ver a la gente gritar a voz en cuello a los que detentan el mando que nunca más volverán a transitar por la libre, que hay ojos y oídos vigilándoles en todo momento y herramientas para echar por tierra cualquier posibilidad de engaño mediático con unos cuantos clicks y un mucho de voluntad ciudadana.

México es de su gente, no de sus mandatarios. Éstos tienen el poder, pero no la autoridad; esa se gana con eficiencia y buen gobierno, y ahora más que nunca, el pueblo está ahí para otorgársela o denegársela ante un ejercicio incorrecto, ante tomas de decisiones que no velen por el bien común llámesele como se le llame: justicia, crecimiento, progreso, cultura, educación, etc.

Yo no soy 132; soy sólo uno entre miles que desde su propia trinchera y sin etiquetas políticas que me aten a una formula ideológica o a un partido determinado, busca dar a nuestros hijos un país mejor a través del trabajo y de la voluntad de servir a los demás; tal vez no me verán en las calles con una pancarta, pero respeto y aplaudo a quienes lo hacen porque ejercen su derecho –nuestro derecho- cabalmente. Me siento representado por ellos más que por cualquier senador o diputado en las cámaras, me siento protegido por ellos más que por cualquier oficial de policía o elemento de la milicia y finalmente, me siento cobijado por ellos más que por cualquier plan estatal o nacional de desarrollo basado en decisiones de escritorio insensibles y lejanas al sentir verdadero de la gente.

Qué Dios guarde a los jóvenes que actúan conforme a lo que piensan y a quienes luchan de manera legítima por un renovado amanecer en el devenir de un México fuerte y saludable, de un México donde por encima de colores y logotipos, prevalezca el amor, el respeto y el compromiso con ese terruño tan nuestro como, tuyo, mío, de todas y de todos, al que nos gusta llamarle PATRIA.

viernes, 24 de febrero de 2012

Entre críticos, criticones y proactivos

Entre la crítica y la criticonería se nos va una buena parte de nuestro tiempo y de nuestro pensamiento, arreglando y descomponiendo el mundo sorbo a sorbo hasta llegar a los sedimentos de nuestras tazas de café.

Ojalá tuviéramos, como los radios o los televisores, algún botón para cambiar de frecuencia; pasar del canal de la queja estéril al de la propuesta trascendente; pero es muy difícil porque se trata de usos y costumbres profundamente arraigados en nuestra cultura latina.

Sé que podemos intentarlo y me atrevo a decir que hasta a lograrlo, haciendo propuestas profesionales, correctamente estructuradas, inteligentes y comprometidas, que no dejen lugar a dudas, que obliguen a las instituciones a implementarlas por su sustento jurídico, por su viabilidad económica y operativa, por su autosustentabilidad y por su pertinencia social, no solo por la conveniencia unipersonal de quien las presenta.

Solo arrastrando el lápiz y haciendo transpirar a las neuronas, se llega al verdadero sentido de una propuesta, solo mirando alrededor con sensibilidad y amor al terruño, pero también con un sentido metodológico se detectan las verdaderas necesidades de una sociedad, y entonces, solo entonces, se puede incidir en ella ya sea desde la individualidad, desde la colectividad o desde la oficialidad, pasando de las ocurrencias de escritorio a los programas legítimos que son finalmente el sentido correcto de la política, esa palabra tan satanizada en nuestros días, pero tan noble en su estricto y literal sentido; el de ser la "actividad humana que tiene como objetivo gobernar o dirigir la acción del Estado en beneficio de la sociedad".

sábado, 31 de diciembre de 2011

¡SALUD! 2012

El 2012 viene con todo. Al margen de juicios de valor sobre si será o nó un buen año, estoy seguro de que será un año intenso en más de un sentido. Las condiciones están puestas para que así sea. En nuestro país tendremos una auténtica guerra mediática protagonizada por los partidos políticos, lo cual, como siempre, dará lugar a polarizaciones entre una buena parte de la audiencia que ya sea en la sala de la casa, en la oficina o en el café, sostendrá debates con amigos, compañeros o parientes sobre cuál es el mejor camino a seguir por nustra hoy desorientada patria.

La situación económica mundial nos irradia (como siempre sucede) desde todos los frentes, con una serie de amenzas bursátiles catastrofistas y dentro de nuestras fronteras los impuestos de siempre se suman a los recién creados para raspar lo que nos queda en los bolsillos, tras los gastos de la navidad, escolares, de mantenimiento de casa y auto, y de manutención, entre otras.

Pero la vida sigue, junto con la posibilidad –obligación dría yo- de mostrar nuestra mejor cara ante lo que venga, porque estoy seguro que entre todas las vicisitudes, vendrán tambien una multitud de factores de los que se nutren la alegría y el bienestar.

No ha de faltar una buena charla con un buen amigo, un reencuentro afortunado con alguien querido, una excelsa película en el cine, un probable ascenso en el trabajo, una buena nota en la escuela, una situación graciosa, un reconocimiento a nuestra labor, o algun acontecimiento de esos que nos dibujan una sonrisa en el rostro o de los que nos allegan algunos centavos extras a la cartera, aunque solo sea un afortunado raspadito de la lotería de cincuenta pesos o un reintegro.

De eso es de lo que debemos estar pendientes. De la multitud de oportunidades de ser felices que pasan ante nuestros ojos y que por estar distraidos con las cosas desagradables no nos damos cuenta y las dejamos pasar de largo sin apropiarnos de ellas y en consecuencia, sin compartirlas con los que nos rodean.

El 2012 viene con todo, pero nosotros venimos con más, defendamos lo único que no se vende ni se compra: la dignidad, el amor y la alegría. Seamos cómplices en las cosas que valen la pena, trabajemos duro en lo perfectible y aceptemos lo irremediable con entereza. Demos la mano a quien la necesita y aprendamos a pedir una mano cuando la necesitamos, porque tan importante es la generosidad para dar como la humildad para recibir, en el entendido de que no estmos solos ni en la fortuna ni en la desgracia. Amemos mucho en el amplio sentido de la palabra, en el amor a los amigos, a la familia, a la pareja a nuestros compañeros y a nuestro trabajo; ocupemos nuestro tiempo libre en lo que nos hace felices por sencillo que ello sea. Al final de cuentas esas pequeñas cosas son las que en suma van conformando nuestra realidad y nuestra historia.

Que el 2012 sea el año de la alegría; la que plasmó Beethoven en su himno, la que Benedetti defendió en su poesía, la de los niños que juegan en el patio, la de la madre que abraza a su recién nacido, la del gol en el partido del domingo, la de la buena copa y la buena mesa, la de la buena lectura, la del encuentro con las bellas artes, la del retorno de la persona largamente ausente, la del nuevo amor o la consagración del amor duradero, la del “tu”, la del “yo”, la del “uno” y la del “todos”.

¡SALUD!

sábado, 21 de agosto de 2010

SYNTEK Y LOPEZ: ESENCIA DEL BICENTENARIO

¿Por qué dicen que el tema de Aleks Syntek y Jaime López no está a la altura de las celebraciones del bicentenario?. ¡Al contrario! ese es justamente el nivel de las celebraciones: parafernalia, frases huecas, eventos carnavalescos, dispendio insultante de recursos en pseudomonumentos que ni estarán terminados a tiempo, ni constituyen una representación medianamente coherente del verdadero significado de estas dos gestas, parteaguas ambas en el devenir de nuestra historia y de nuestra identidad como pueblo, otrora aguerrido, independiente y revolucionario.
Indiscutiblemente, ambos músicos son importantes y muy respetados en sus respectivos derroteros; el primero, autor de "Sexo pudor y lágrimas" y "El Camino", es un icono del pop latino que se codea con figuras de la talla de Miguel Bosé, Juan Gabriel o José José, un músico talentoso y creativo en el contexto del género tecno-pop que ha sabido sobrellevar una carrera limpia, simpática y productiva, mientras que el segundo, lanzado al estrellato en los ochentas por Raúl Velasco con temas como "El Mequetrefe" y "Ella empacó su bistec", fue una de las muchas estrellas efímeras de aquellos años, un cantautor al principio difícil de ubicar en un género en particular, converso, al pasar de los años y de una buena dosis de anonimato, al estatus de rockero urbano, muy apreciado por gente como Ricardo Rocha y por un segmento muy especifico del México capitalino, un cantautor de quien en otras esferas no se había vuelto a saber mucho hasta ahora, gracias a su desafortunada coparticipación en la auotría de este tema musical que a modo de punta del iceberg, amén de hacer a Moncayo revolcarse en su tumba, ha puesto en jaque, junto con otra serie de situaciones anómalas y denesnables, la imagen de quienes toman las decisiones al seno de los comités organizadores de las monumentales celebraciones patrias, quienes ante el escarnio, han desconocido públicamente al tema como himno oficial del Bicentenario, dejando en el aire la duda de a cuánto ascendió la factura por la composición, producción e interpretación de la malograda canción.
La opinión pública -aunque todavía queda en duda que sea en realidad la parte pensante del asunto- se pronunció, y la cosa terminó en escándalo, pero por qué fingir asombros que no van al caso, por qué asumir actitudes hipócritas y snobistas. Syntek y López, como buenos músicos por encargo que son, no hicieron otra cosa que captar a la perfección el mensaje que las instituciones y los mercaderes de los medios han querido transmitirnos en todo momento, y confeccionaron con habilidad, pero también con gran ingenuidad, un traje justo a la medida de los requerimientos de sus clientes. El resultado, un estridente y acartonado SHALALÁ pop-rock-huapanguero, ornamentado con rimas fáciles, lugares comunes y costrucciones gramaticales simplonas, que raya en la lambisconería institucional y no hace otra cosa que reflejar la escencia de esa suerte de pensamiento que habita en lo más profundo de las neuronas de las hegemonías política, económica y mediática que rigen en la actualidad, los destinos de nuestra incomprendida, maltratada y bicentenaria patria.

sábado, 24 de abril de 2010

¿Y LA CULTURA ‘APÁ’?

Los chihuahuenses vivimos tiempos complejos. La incertidumbre y el miedo se anteponen al bienestar como un muro que se vislumbra impenetrable. La violencia se manifiesta por todos los rincones de nuestro espacio vital y nos hace conscientes como nunca antes de nuestra vulnerabilidad y de la profunda incapacidad que denotan quienes son los responsables de garantizar seguridad y de impartir justicia.

El ser y hacer violencia permea hasta lo más hondo de la condición humana lastimándola y corrompiéndola hasta la médula. En los medios de nuestra entidad, el antivalor se apodera de los encabezados en las primeras planas de los diarios y nos escupe en tinta color sangre, a ocho columnas, con su edecán en lencería al lado su hegemonía, confinando los buenos contenidos a unos cuantos artículos de interiores casi imperceptibles y rodeados de anuncios estridentes y de más noticias de nota roja, de guerra sucia, de mala política o de espectáculos vodevilescos, sin dejar de lado, por supuesto, las anodinas noticias deportivas y las melosas y trilladas notas de sociales que ni siquiera llegan a ser reseñas mínimanente elaboradas de la tremenda parranda organizada en honor de algún miembro de la realeza citadina, o de alguna ensoñada y clasemediera fiesta de quince años. Basura editorial amparada por la licencia de ser “lo que vende”.

Los medios televisivos, sobre todo los de TV abierta, no son la excepción; lo más amable de lo que son capaces los noticieros o los programas de revista matutinos, o de fin de semana, es la nota rosa y farandulera carente por completo de contenido y mal-redactada alrededor de personajes que ni cantan, ni actúan, ni producen, pero por alguna extraña razón trabajan –y cobran- de “famosos”, y constituyen una clase completamente ajena a nuestra realidad cotidiana.

Y la cultura?... cuál es el espacio que según los empresarios mediáticos merece ocupar en sus tiempos aire o en las columnas por pulgada de sus cajas de texto? ¿Cuándo una nota cultural es honrada colocándola en la primera plana con una cabeza a ocho columnas? ¿Qué noticiero abre su emisión con una noticia cultural? ¿Dónde quedaron los suplementos dominicales que antaño hacían acopio del pensamiento y de la belleza, y los proyectaban con una acertada y pulcra curaduría editorial?. Hace todavía unos pocos años, algunos periódicos, de manera gratuita y por mero posicionamiento de imagen, brindaban a la cultura alguna primera plana de su sección de espectáculos cuando a juicio del editor, la nota reunía los méritos necesarios para ocupar dicho espacio. Hoy el posicionamiento favorable o no de una nota cultural y el espacio a ella asignado se basan en la inversión publicitaria que la instancia organizadora de la actividad tenga a bien aportar a la empresa editora. Es decir que la difusión de la cultura, ese derecho constitucional que tenemos como mexicanos, se mide en los medios con la misma vara que una venta nocturna o un martes de frutas y verduras de algún supermercado local.

Al margen de estas políticas mediáticas descaradamente anticulturales, se vislumbra, atenuado e incipiente, un panorama un tanto más alentador. Bienintencionados y no pocos han sido los esfuerzos institucionales, empresariales y civiles en favor de posicionar a la cultura como parte irrenunciable de nuestra vida, y de arraigarla en nuestra conciencia como un elemento fundamental –que de hecho lo es- para nuestro bienestar y el de nuestros hijos, pero al final de cuentas, no han logrado a cabalidad tal cometido porque navegan contra corriente en aguas donde el humanismo no es precisamente el sentido que lleva el caudal, ya que en la cartografía social, política, económica y educativa de nuestro Chihuahua en este siglo XXI, todos los afluentes llevan a un enajenante proceso de deshumanización materialista donde el poder y el dinero se persiguen como un fin supremo que justifica cualquier medio por truculento, violento o nocivo que este sea.

La inmediatez lleva a una nula perspectiva de futuro, las acciones políticas y económicas actuales no están hechas para trascender, sin embargo, la cultura sí; el trabajo constante de los creadores que materializan el pensamiento y la sensibilidad en obras plásticas, arquitectónicas, artesanales o literarias, y en manifestaciones teatrales, musicales o dancísticas, es lo que a lo largo de la historia ha venido conformando nuestra identidad y nuestro patrimonio. Recordemos que el arte, en sus concepciones realistas, o surrealistas, concretas o abstractas, bellas o grotescas, académicas o populares, no es otra cosa que una síntesis de la realidad a la luz del momento histórico en el que la obra artística es realizada.

Sea por el simple y natural impulso del ego o por una actitud genuina de compromiso social o de denuncia, el artista devuelve su obra al público, como un espejo devuelve el reflejo a quien lo mira. Si el acto es íntimo o masivo da lo mismo, de cualquier modo su efecto será multiplicador en la escala que deba serlo, e irá más allá del acto para quedar grabado en el alma de quien lo disfrute y sumarse a otras experiencias estéticas propias y ajenas, conformando así, eso que gustamos de llamar conciencia o memoria colectivas.

La cultura prevalece a costa de lo que sea como un blindaje sólido y luminoso capaz de protegernos de lo que como sociedad nos hace daño; el arte florece a la luz de la libertad de expresión o a la sombra de la censura, la diferencia radica en el valor y el reconocimiento que como sociedad le brindemos, en los espacios que instituciones, medios, empresas, asociaciones e individuos conquistemos para sus diversas expresiones, de la misma manera en que la expresión artística es capaz de conquistarnos.

El artista es generoso, seamos generosos con su obra, apreciándola, fomentándola, preservándola y difundiéndola. Finalmente los beneficiarios somos nosotros, nuestra comunidad que sólo a través de la revaloración y del reconocimiento de su identidad cultural, podrá forjar una plataforma hacia la reconquista de su dignidad y la rectificación del camino hacia su trascendencia.

sábado, 17 de abril de 2010

Alberto Carlos y los Amates Barrocos

A mediados de los 80s, mi padre, el pintor Alberto Carlos, realizaba por compromisos profesionales, un viaje que le llevó varios días de ausencia de la ciudad. En esos días, pasó por la casa un vendedor sureño que cargaba a sus espaldas un envoltorio muy grande, y andaba de puerta en puerta pidiendo ayuda económica para poder regresar a su tierra, ya que había sido víctima de un robo que le había dejado sin recursos para el viaje.

A mi madre le conmovió la situación de aquel hombre, pero a la vez le llamó la atención el rollo que traía cargando en la espalda; el producto era papel amate, una suerte de papiro tradicional elaborado en el sur del país que consiste en corteza de árbol cocida, aglutinada y aplanada en forma de hojas, en un proceso totalmente manual, que eran utilizadas en la época prehispánica para dibujar los códices, narrativas gráficas que han sido encontradas casi intactas cientos de años después de su creación, lo que hace evidente la gran capacidad de preservación y durabilidad que tiene este material.

Por el proceso rudimentario con el que es fabricado, el papel amate, en sus diferentes tonalidades en la gama de los ocres, tiene una textura rugosa que le genera muchas formas caprichosas e irrepetibles; no hay una hoja igual a otra, incluso el que hoy se hace de manera industrial, si bien menos rugoso y con mayor diversidad de tonalidades artificiales, es igualmente diverso en los dibujos que le brindan los fragmentos de corteza o de pulpa de celulosa que lo componen.

Mi madre, sorprendida por la textura del papel, pensó que a mi padre le podría servir para algo, y en afán de ayudar al desafortunado vendedor, le compró los varios metros que llevaba encima, pensando que si mi padre no le daba uso, ella podría encontrarle algún destino útil.

Cuando mi padre regresó de su viaje, mi madre le mostró el papel que había comprado. Artista al fin, y con la gran imaginería plástica que le caracterizaba, mi padre quedó sorprendido con el enorme potencial estético que aquel material podía aportar a su creación pictórica. Ya anteriormente, y de manera casi premonitoria, había experimentado lo que él denominaba pintura de rescate, que era el trazo sobre un plano, de una serie de manchas caóticas creadas con diferentes tintas que posteriormente observaba para rescatar de ellas, a través de trazos, resaltes, sombras y texturas, las figuras que la mancha, a través de su imaginación, le sugería. De ahí surgieron una serie de óleo tintas que marcaron una etapa importante en su propuesta estética, además de prácticamente significar su regreso a los lienzos en la segunda mitad de los setentas, después de casi ocho años de una prácticamente nula actividad artística, consecuencia de su gestión como director de Bellas Artes de la UACH, cargo que le ocupaba todo su tiempo y su pensamiento.

El amate representó una continuidad, y aún más allá, una consolidación de ese proceso de búsqueda que era la pintura de rescate. Desde las primeras obras creadas en amate, la decisión de trabajar con técnica mixta y materiales y sustancias tanto alternativas como convencionales, potenció de manera exponencial las posibilidades creativas de esta nueva aventura plástica que tuvo su presentación en sociedad a través de una exposición, hacia 1986, denominada "Amates Barrocos", la cual fue un rotundo éxito, no solo en ventas, sino en comentarios, en críticas positivas y en reseñas publicadas en los diferentes medios de comunicación de la época en Chihuahua y en otros estados del país y del sur de Estados Unidos, donde la colección fue exhibida.

Alberto Carlos continuó explorando y depurando esta técnica durante el resto de su vida, de tal manera que pueden encontrase en su amplio catálogo, amates pintados en la segunda mitad de los ochentas o en diferentes momentos de los noventas, siendo los últimos, los creados en el año 2000, a pocos meses de su deceso el 16 de noviembre de ese mismo año.

En los amates de Alberto Carlos podemos observar, basados en la línea del tiempo, una constante evolución, un notorio enriquecimiento temático y una vuelta al auténtico origen de las bellas artes que es mirar el mundo a través de una imaginación dotada de cultura, y de una inquebrantable capacidad de asombro.